El compositor misionero adelantó detalles del espectáculo que encabezará el próximo jueves 2 de abril en las reducciones jesuíticas de San Ignacio por motivo de la Semana Santa.
El próximo jueves 2 de abril en las reducciones jesuíticas de San Ignacio se llevará a cabo una Misa Popular en el marco de la Semana Santa. La cita es a las 19hs, luego de la misma se presentará el Chango Spasiuk junto al coro y la orquesta sinfónica de la Universidad Nacional de Misiones y músicos locales.
El show aportará una dimensión especial a la velada, un encuentro donde la música popular dialogará con la espiritualidad del lugar y la memoria cultural de las misiones jesuíticas. Bajo el lema “Naturaleza Santa” el evento promete quedar guardado en la memoria de quienes asistan o se suman a la transmisión oficial de Canal 12.
Spasiuk adelantó que presentará un repertorio que incluye música del período jesuítico y parte de su propia música, la cual considera que encajará perfectamente en el contexto del Jueves Santo. Compartirá escenario con la orquesta juvenil de la Universidad Nacional de Misiones, el coro universitario de la Universidad Nacional de Misiones, Sur del Sur Ensamble, un cuarteto de cuerdas de Buenos Aires, Matías Martino en el piano, Enzo Demartini en acordeón, Flor Bobadilla Oliva, cantante posadeña.
Además, interpretarán dos temas de la Misa Criolla de Ariel Ramírez junto con el coro de la UNAM.
En otro tramo de la charla, el misionero fue consultado por una anécdota que se volvió viral en los últimos días sobre un viejo acordeón suyo recuperado. Aunque la historia data de hace diez años, el músico la repasó y brindó detalles sobre lo ocurrido.
Describe su primer acordeón amarillo como un regalo de su padre hace 47 años, cuando tenía 10 años. En ese momento, no pensó en guardarlo por su valor sentimental futuro. Cuando creció, quiso un acordeón más grande y vendió el amarillo para comprar uno nuevo, como les sucede a muchos músicos.
Años más tarde, un grupo de jóvenes en Apóstoles, que tenían proyectos culturales y estaban conectados con su obra, rastrearon el instrumento a partir de una foto suya de niño. Lo encontraron en una chacra, se lo compraron y se lo obsequiaron en Posadas. El acordeón estaba destruido, pero el luthier Tadeo “Chiqui” Raczkowski, de Apóstoles, lo reconstruyó, haciéndole un fuelle nuevo y acomodándolo para que volviera a sonar.
El Chango menciona que el acordeón nunca salió de Apóstoles y que el señor que lo tenía ni siquiera sabía que había sido suyo. Todavía tenía pegadas cintas que él le había puesto de niño. Para el compositor misionero, es muy bello lo que sucede con el instrumento, y al tocarlo ahora, se da cuenta del niño frágil y pequeño que era. El acordeón lo conecta con sus recuerdos de Misiones, la carpintería de su padre Lucas y su madre Eugenia, y el paisaje donde toda su música y caminos comenzaron.

Finalmente, al ser consultado sobre la importancia de participar en un evento que conjuga tradición, religiosidad, lo popular y la música, el autor de “Polcas de mi tierra” reflexionó y expresó que la música y la cultura son herramientas para crear un espacio en el cual se puede pensar en voz alta sobre la violencia y la crueldad que se viven a nivel global, nacional y regional. Considera que la música, especialmente una tan arraigada y propia, ayuda a “ablandar nuestros corazones” en una época que la antropóloga Rita Segato describe como “el espectáculo de la crueldad”.
Para él, un escenario como el de las ruinas jesuíticas, con su peso histórico y el contexto de la Semana Santa, rodeado de música, permite pensarse como seres comunitarios, lo cual considera muy poderoso y necesario. Afirma que la música no solo es alegría, sino también una herramienta para reflexionar sobre estas cosas trascendentales, sin importar la tradición, el lenguaje o el oficio de cada uno.






































































