El nuevo misionerismo que transita la provincia comienza a dar muestras claras de sus prioridades: frente al desdén y desinterés de la Nación, gestión y construcción.
Con la parte institucional ordenada, el nuevo misionerismo construido alrededor de la figura del gobernador Hugo Passalacqua y los intendentes de la provincia comenzó a mostrar sus rasgos distintivos: Nación se desentendió de la suerte de las provincias, incumple obligaciones, abandonó la obra pública, redujo transferencias, mientras que Misiones se coloca en la vereda opuesto, no solo en base a justos reclamos de larga data, sino con la gestión de los escasos recursos que posee.
La 24ª Asamblea de Gobernadores del Norte Grande, realizada en Posadas, fue una expresión de esa estrategia. Hugo Passalacqua reunió en Misiones a los mandatarios de la región, recibió al jefe de Gabinete nacional, Diego Santilli, y aprovechó esa presencia para poner delante del Gobierno nacional una agenda concreta de necesidades: gas natural, energía, rutas, infraestructura y condiciones competitivas para la producción.
El gas natural es la bandera de las deudas históricas que tiene la administración federal para con Misiones. La tierra colorada es una de las pocas jurisdicciones que no cuenta con este recurso. Los gasoductos fueron históricamente decisiones estratégicas financiadas, promovidas o ejecutadas por el Estado nacional. Por eso la ausencia de gas sigue siendo una deuda federal, especialmente cuando industrias misioneras deben competir con establecimientos de otras regiones que durante décadas accedieron a una fuente de energía más barata.
El gobernador lo sintetizó de esta manera en la reunión: “No podemos presentar eso como una solución moderna: estamos en el siglo XXI, no en el siglo XIX”, en referencia a que ciertas actividades productivas utilizan leña como alternativa energética. La desventaja misionera en materia de energía no se encuentra solo en los hogares, cualquier producción provincial paga más de gas, electricidad, combustible y logística que las otras provincias argentinas, es decir, compite en clara desventaja.
Un gobierno nacional en contra de las provincias
La administración Milei tiene como dogma económico principal el superávit fiscal, sin entrar en esa discusión, lo que si debe señalarse es que lo logra a costa del déficit privado y la paralización de todo tipo de infraestructura, ajuste en las transferencias de fondos a las provincias e incluso la apropiación de recaudación impositiva que tiene asignación específica, como el impuesto a los combustibles líquidos. Por ende, el gobierno de Milei tiene las rutas nacionales en estado de abandono, no ha construido una sola vivienda, hospital, escuela o universidad, no mejoró la red de agua potable, cloacas y energía. Además, el costo logístico de las economías regionales sigue siendo alto.
Las provincias, en mayor o menor medida, han colocado parches con sus recursos, ostensiblemente menores que los del Estado Nacional.
Gestionar lo propio

Más allá del diagnóstico trazado, los actores políticos que conducen las riendas del estado provincial no pueden quedarse en esa etapa. Y es lo que se observa en la actualidad misionera. En San Antonio, por ejemplo, avanza con recursos públicos un nuevo sistema de agua potable destinado a unas 500 familias de los barrios 25 de Mayo, Alecrín y Nueva Esperanza, con una perforación de más de 200 metros, sistema de impulsión, redes de distribución y una cisterna. En San Vicente, Provincia y municipio trabajan sobre el asfaltado del acceso al predio del Automotokart y a la Universidad Nacional del Alto Uruguay, intervienen caminos rurales, colocan ductos sobre arroyos y sostienen asistencia a pequeños productores. Allí también avanzó un nuevo puente sobre el arroyo Chafariz y recientemente se distribuyeron herramientas productivas entre familias de distintos municipios.
Claro está que son obras menores en comparación a un gasoducto o una autovía, pero mejorar la vida cotidiana de muchos misioneros. Se interviene con los recursos existentes, cada vez más escasos, mientras que Nación se desentiende de sus obligaciones históricas.
El gobierno nacional sigue recaudando los mismos impuestos -excepto alguna rebaja a sectores de mayores ingresos-, pero sin invertir ni cerca del promedio histórico. Asimismo, la recaudación tributaria va a la baja no porque se hayan recortado tributos, sino porque la actividad económica está raquítica, por lo tanto, el gobierno ajusta, la actividad se resiente, la recaudación cae y el círculo vuelve a empezar.
Reclamos del Norte Grande

Santilli no tuvo una visita protocolar con saludos y fotos, los distintos mandatarios y, fundamentalmente, el anfitrión Hugo Passalacqua, lograron que muchos reclamos sean presentados como una demanda regional.
Gustavo Sáenz, gobernador de Salta, habló de una agenda del Norte que muchas veces no coincide con la del Gobierno nacional y el área metropolitana; Juan Pablo Valdés, mandatario correntino, sostuvo que estos encuentros permiten “desnudar la cantidad de problemas” que enfrentan las provincias; y Osvaldo Jaldo, gobernador de Tucumán, acompañó expresamente el reclamo de Misiones y Corrientes por el acceso al gas natural.
Los reclamos adquieren otra relevancia cuando son expresados por diez mandatarios en lugar que lo haga cada provincia por separado. Los once millones de habitantes representados por el Norte Grande pueden transformar necesidades individuales en una agenda regional con suficiente volumen político para discutir prioridades con Buenos Aires. Cuando Passalacqua invitó a “mirar más al Norte”, el planteo no fue solamente geográfico: expresó la necesidad de modificar una distribución histórica de infraestructura y oportunidades que sigue privilegiando al centro del país.
Adentro y afuera
Mientras se reclama con diversas estrategias lo que le corresponde a la provincia, dentro de la misma la gestión se aboca a lo que el gobierno provincial si puede hacerse cargo. En la mencionada visita a San Antonio de esta semana Passalacqua recuperó una definición que ayuda a identificar el componente político de esa concepción: “Solo no se salva nadie”.
Es un fuerte contrapunto ante lo predicado por el gobierno nacional. Frente al individualismo extremo y el mercado como ordenador de la vida, Misiones intenta recuperar valores vinculados con la comunidad, la cercanía territorial, la producción, el pequeño productor y la presencia estatal allí donde el mercado no ofrece respuestas. Así como el mercado no puede resolverlo todo, tampoco el Estado, la idea es identificar problemas colectivos que no tienen soluciones individuales.
Es fundamental que el flamante espacio Movimiento por lo que Viene plantee claramente lo que propone, qué lo distingue de la anterior etapa, que diferencias existen con el gobierno nacional, que cuestiones deben corregirse, mantenerse e innovar. No puede dar lugar a que se identifique al movimiento como un simple cambio cosmético, de reubicación de dirigentes, debe tornar imposible la asociación con cualquier tipo de gatopardismo -cambiar para que nada cambie-.
Con 17 diputados se convirtió en la primera minoría de una Cámara de Representantes distribuida entre diez bloques, lo que modifica sustancialmente la lógica legislativa: ya no habrá mayorías automáticas y cada decisión importante exigirá conversar, negociar y construir acuerdos con otros sectores.
La presencia de más de treinta intendentes durante la presentación del bloque legislativo y el acercamiento de dirigentes provenientes de diferentes espacios muestran una construcción política en expansión, pero ninguna fotografía será suficiente para otorgarle legitimidad.
Luego de una permanencia en el poder de más de dos décadas existe cansancio, desconfianza y una demanda social de cambios que ningún oficialismo debería minimizar. La respuesta no puede consistir en discutir con ese malestar, sino en corregir aquello que deba corregirse y demostrar que la nueva etapa supone también una modificación en las prácticas: menos internismo, menos verticalidad y mayor capacidad para escuchar, acordar y resolver.
Incentivar la producción
La actividad productiva es un ámbito propicio para demostrar el nuevo aire del oficialismo: Misiones concentra aproximadamente el 46% de la actividad industrial del NEA, el 48% del empleo manufacturero y más del 40% de las empresas industriales de la región. La Semana de la Industria, durante los primeros días de septiembre, buscará vincular universidades con empresas, capacitar trabajadores y estudiantes, abrir mercados extraprovinciales y profundizar la cooperación productiva con Paraguay.
Este caso es un ejemplo concreto de intervención positiva, frente a un modelo económico que lleva a cabo un industricidio inédito en el país. Por supuesto que existen límites estructurales, las capacitaciones son valiosas, así como las rondas de negocios, el acompañamiento a empresas y la apertura de nuevos mercados. Falta la otra pata: energía y logística que permita competir, fuerte inversión en infraestructura.
Por ello es que la estrategia del oficialismo misionero combina reclamo con gestión.
Hacerse escuchar
La provincia modificó su accionar con respecto a los proyectos legislativos del ejecutivo, fue partícipe del fracaso de La Libertad Avanza con respecto al proyecto pomposamente denominado “Inviolabilidad de la propiedad privada”, cuyo corazón era ampliar el límite de la compra de tierras rurales por parte de extranjeros. El ejecutivo logró la media sanción, pero el proyecto quedó amputado, también cayó la modificación de la normativa del manejo del fuego, que prohíbe la venta inmediata de tierras que sufrieron incendios.
Este accionar fue replicado esta semana en la Asamblea del Norte Grande, el llamado de atención tiene que ver con que Argentina no solo no invierte en infraestructura, sino que no mantiene la misma, logrando así que en un futuro haya que invertir muchos más recursos para restablecer rutas, hospitales, viviendas. Para una provincia periférica y fronteriza como Misiones, aceptar pasivamente ese escenario significaría profundizar desigualdades que ya llevan décadas.
Allí empieza a aparecer uno de los rasgos que Passalacqua pretende imprimirle al nuevo misionerismo: no administrar la resignación frente a la ausencia nacional, sino utilizar cada herramienta provincial disponible para resolver mientras se construye suficiente fuerza política para exigir aquello que corresponde. El pozo de agua, el puente, el camino rural, el título de propiedad, el acompañamiento al productor o la capacitación industrial pueden avanzar con recursos misioneros; el gasoducto, las grandes rutas y la infraestructura estratégica requieren necesariamente otra escala de inversión.
El reclamo estará siempre presente, así como el señalamiento de las responsabilidades y responsabilidades exclusivas de la Nación, pero, por lo que se puede avizorar, la parálisis no es una opción. La respuesta política será hacer lo posible con los recursos existentes.

































































